jueves, noviembre 02, 2006

Viaje a Mictlán

No hay fiesta del año que disfrute más que la de hoy, 2 de noviembre, Día de muertos. Sobre todo desde que en casa hicimos tradición la ofrenda de nuestros queridos. Este año no la pusimos y lo sentí como una falta tremenda (tanto en sentido de ausencia como de error).

En la noche de hoy, envueltos en el humo sagrado del copal, alumbrados por las veladoras e invitados por el color del cempazúchil y la vistosidad de las calaveritas, el sabor del dulce de calabaza, la sal y el azúcar, los nuestros debían haber llegado, a colarse entre el papel picado y las notas del Requiem.

Pero no hubo forma de llegar a Mictlán, con ellos. Y por eso fui a buscarlos, entre las múltiples ofrendas de CU, donde, hace 5 años encontré la manera de despedir a mi abuelo, que moría.

No los encontré en la ofrendas, sino ahí donde el fuego y el agua eran uno solo: