Uno de Claudia Lars
Cartas escritas cuando crece la noche (V)
Si en la hora más quemante de mi vida
yo hubiera encendido, por lo menos,
la orilla de tu corbata...
¡Todo sería distinto!
Pero no lo permitiste -¿Recuerdas?
Y entonces fui, como jamás lo he sido,
una desesperada.
Guardo tu palidez esquiva
y los ojos que no iban a entregarse
aunque acabara el mundo.
Después algo me hiere no sé dónde
y me ahogo y respiro soledades
y estoy metida hasta los huesos
en un laberinto.
¿Cómo logré salvarme?...
Porque yo olía a flor
-en la hora más ciega de mi vida-
y lo único que deseaba intensamente
era caer sobre tu cuerpo como una flor.
Si en la hora más quemante de mi vida
yo hubiera encendido, por lo menos,
la orilla de tu corbata...
¡Todo sería distinto!
Pero no lo permitiste -¿Recuerdas?
Y entonces fui, como jamás lo he sido,
una desesperada.
Guardo tu palidez esquiva
y los ojos que no iban a entregarse
aunque acabara el mundo.
Después algo me hiere no sé dónde
y me ahogo y respiro soledades
y estoy metida hasta los huesos
en un laberinto.
¿Cómo logré salvarme?...
Porque yo olía a flor
-en la hora más ciega de mi vida-
y lo único que deseaba intensamente
era caer sobre tu cuerpo como una flor.

2 Comments:
Esa foto es perturbadora para quienes tenemos la imaginación desbordada. Se agradece. El poema es una delicia también. ¡Saludos desde El Gabinete!
Hola Sam. Muchas gracias por la visita. Te mando un abrazo.
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