jueves, abril 20, 2006

La ultima desde aca y me voy

Los ojos se me cierran y los pies palpitan.

Esta ultima jornada, del lado de aca, fue vertiginosa, como habia de ser. Estaba en la puerta de la Biblioteca Britanica antes de que abrieran a las 9:30 y, cuando los libros y manuscritos que pedi para hoy empezaron a llegar, me di cuenta de que no iba a poder irme a la una, como pretendia.

Asi que solo pude pasar dos horas en la Tate, recorriendo todas las salas. Luego me lleve un kilo de maiz a repartir entre las palomas, cuervos, patos, gansos y cisnes que habitan el lago en St. James's Park. Eran pasadas las seis. Lo supe porque escuche el Big Ben lanzar su melodia y luego las seis campanadas de la tarde. De nuevo un dia gris con viento frio que mece las ramas de los ahuehuetes (suena ridiculo el nombre aca...). Murky wind shaking the whitened willows.
Me preguntaron si solia llevarles comida a los patos, porque se agolpaban con mucha violencia a mis pies, peleandose las migajas que les lanzaba. Tal vez si viviera aqui me la pasaria llevandoles de comer, como lo hacia en el Parque Mexico de ninia. Me dio gusto hacerlo porque me pude dar cuenta de cuantas variedades tan diferentes habitan en el laguito este.


La primavera apenas esta llegando a los arboles. Llego ya a las camas de flores que aturden con sus combinaciones de colores: tulipanes amarillos entre los pensamientos purpura, o tulipanes violeta entre camas de pensamientos rojos.

Los arboles, timidos, apenas van dejando brotar los capullos de sus hojas... Me lo voy a perder, ese resplandor verde que llena las calles londinenses.
Sigo sin querer irme, pues la cotidianidad que me construi aqui durante tres semanas llego a pesar y estaba empezando a acostumbrarme a ella y a disfrutarla tanto.

Camine de regreso por Whitehall para cruzar el rio en direccion a Waterloo East. La marea alta y alborotada lanzaba olas a las orillas del embankment.

Como no voy a querer esta ciudad si mis heroes deambulan por sus calles aun cuando han estado muertos desde hace centurias... Si estoy en Kew, pienso en Virginia; si doblo una esquina me encuentro a Donne mirandome a los ojos, o a Shakespeare. Si me interno en la ciudad a cada cuadra me encuentro una libreria que me hace ojitos. Si me meto a alguna me pierdo en sus (minimo) tres pisos de libros y discos. Puedo entrar a los museos y perderme en las colecciones por horas (total, son gratis y, en un pais tan ojetemente caro como este, hay que aprovecharse). Los teatros sofocan las calles. Los parques son los lugares mas deleitables. Y el rio... Ese rio es mi perdicion.

Se acabo mi tiempo aqui, por ahora. Caraxo, tengo que volver pronto porque, mientras no lo haga, esta separacion va a dolerme demasiado. No soporto el simple hecho de pensarla.

1 Comments:

Blogger Ernesto Sandoval said...

acabas de disparar un recuerdo en mi memoria, yo también alimentaba a los patos del parque méxico cuando niño. el otro día fui y me di cuenta, horrorizado, que la reja ya está muy lejos del agua. ya no se puede tan fácil. qué feo.

9:53 p.m., abril 20, 2006  

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