domingo, enero 29, 2006

Amor y cine: Kitano 1



Muñecas (Dolls, Takeshi Kitano, 2002) es un texto fragmentario cuya narrativa casi carece de palabras, incrementa sus silencios a medida que se desarrolla, como si las 3 historias de amor que se entrelazan no merecieran palabras ni sentido. Tal vez por aquí debamos comenzar, Muñecas narra tres historias de amor. El amor, ese valor aparentemente occidental, se tiñe del espíritu japonés y se cubre con un manto trágico: el deber, valor confuciano que jamás disfraza su presencia en las tres historias. Sentimiento y deber se confrontan en la palabra japonesa giri-ninjo, el deber, lo público, lo social frente los sentimientos personales.

La película comienza con la sofisticada representación bunraku de la obra del siglo XVIII de Chikamatsu Monzaemon, Sonezaki Shinju, el suicidio de los amantes que, al rebelarse en contra del deber, se condenan a la tragedia. La representación se lleva a cabo en un teatro repleto. Varios hombres vestidos de negro, incluso 4 a la vez, manejan cada marioneta con contorsiones y movimientos lentos pero sumamente emotivos, de manera tal que, muy pronto, el espectador pierde totalmente de vista a estos artífices del movimiento de las marionetas, y sólo éstas se fijan en la mente. Al mismo tiempo, dos hombres llenan de ritmo la representación: el narrador (Tayu) que también canta los diálogos de los personajes con voz potente y lastimera, y el intérprete de samisén.

En esta representación, la amante, Umekawa, confundida, no sabe si lamentar o agradecer ser el objeto del amor de su amado y le suplica que no sea esclavo de sus tristes sentimientos, frente a las miradas condenatorias de los demás personajes-marionetas. Para ambos, la única salida es huir hacia la muerte; así, salen del escenario en su huida frenética. Y el telón se abre a la historia de los otros seis amantes.

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