miércoles, octubre 12, 2005

Vivants Piliers

Las antenas de mi alma se dilataban, lo palpaban y volvían trémulas y conmovidas y regocijadas a darme la buena nueva: “éste es el hombre que esperabas; éste es el hombre por el que te asomabas a todas las almas desconocidas, porque ya tu intuición te había
afirmado que un día serías enriquecido por el advenimiento de un ser único. La avidez con que tomaste, percibiste y arrojaste tantas almas que se hicieron desear y defraudaron tu esperanza, hoy será ampliamente satisfecha: inclínate y bebe de esta agua.” [...]
En una maravillosa armonía, nuestros dos átomos de hidrógeno y de oxígeno habían llegado tan cerca, que prolongándose, emanando porciones de sí, casi llegaron a juntarse en alguna cosa viva. A veces revolaban como dos mariposas que se buscan y tejen maravillosos lazos sobre el río y en el aire. Otras se elevaban por la virtud de su propio ritmo y de su armoniosa consonancia, como se elevan las dos alas de un dístico. Una estaba fecundando a la otra. Hasta que...
EHQPUC, RAM

1 Comments:

Blogger HL said...

Es un relato impactante. Se trata de El hombre que parecía un caballo, de Rafael Arévalo Martínez, relato que, cuando lo leí por primera vez, provocó en mi varios suspiros y exclamaciones porque había ahí frases que me atravesaban sin piedad, como las que cito en el post. Cuando lo leí supe que ahí había algo especial, algo memorable: una memoria del futuro.

5:18 p.m., octubre 13, 2005  

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